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PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA EN LAS UNIVERSIDADES

CONTEXTO

En la actualidad, prácticamente en todas las discusiones académicas que se celebran se coincide en una opinión: el entorno de la enseñanza superior, tanto en Chile como en el ámbito internacional, está experimentando transformaciones significativas que requieren de respuestas estratégicas creativas e innovadoras por parte de las universidades.

Algunos de estos cambios hacen referencia a los siguientes aspectos:

a. Extensión de la educación superior a un mayor rango de estratos y grupos sociales, situación que ha implicado un crecimiento destacado del número de estudiantes y la masificación de la universidad. Las universidades han dejado de ser centros educativos para una selecta minoría, pasando a convertirse en instituciones que han de satisfacer las expectativas de un mayor número de alumnos que adicionalmente, e impulsados por cambios en la economía, en la tecnología o en la sociedad, solicitan nuevas titulaciones y especializaciones. Además, han surgido nuevos segmentos formados por egresados que desean actualizar sus conocimientos con cursos de formación continua y por adultos que se plantean incorporarse a la universidad a fin de iniciar una carrera.

b. Las universidades forzadas, por su mandato social, a responder a estas demandas emergentes con unos recursos financieros externos crecientemente limitados, han debido recurrir a fuentes alternativas de financiación sobre la base de criterios de calidad, eficacia y eficiencia. Todo ello en un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo sin precedentes, poniendo a disposición de las instituciones nuevos medios de comunicación y de información que alteran los entornos docentes, investigador, de prestación de servicios a la sociedad y a la comunidad universitaria, y a la propia gestión de las diferentes unidades académicas y administrativas.

c. Reconocimiento de las universidades como un factor clave de competitividad y calidad de vida, hecho por el que se les atribuye un papel fundamental como dinamizadoras del desarrollo económico, por la incidencia que pueden desempeñar en la creación de empresas, generación de empleos, innovación tecnológica y científica, formación de profesionales, contribución al ámbito empresarial, etc.

d. Necesidad de hacer una buena planificación desde la perspectiva de la acreditación. Los procesos de acreditación institucional están requiriendo explícitamente evidencia demostrable de procesos sistemáticos de planificación, respaldados con información cuantitativa y cualitativa.

e. Internacionalización de la ciencia y la tecnología, que exige la cooperación activa entre equipos de investigación, la colaboración entre universidades, la movilidad internacional de académicos, investigadores y estudiantes, es una realidad que conlleva una creciente competitividad internacional entre instituciones de educación superior.

f. Desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, avance que asegura en el campo educativo la progresiva desaparición de las restricciones de espacio y de tiempo en la enseñanza y la adopción de un modelo de aprendizaje más centrado en el estudiante. Favoreciendo, al mismo tiempo, la globalización de la educación superior.

g. Los cambios en el contexto de la economía. La combinación de los conocimientos y el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones han impactado la actividad económica llevando a la aparición de nuevos sectores y ámbitos de negocio así como a la manifestación de un sinnúmero de aplicaciones tecnológicas, que implican, para algunas empresas, una nueva fuente de oportunidades y, para otras, una dificultad adicional para la supervivencia. La generalización de la economía del conocimiento da un papel relevante a la relación entre la universidad fuente generadora del conocimiento y la empresa en la que éste ha de aplicarse como un activo intangible fundamental para enfrentarse a los retos de la nueva economía.

Este contexto plantea nuevas exigencias a las universidades, retos a los que deben responder. Ante ellos, una cultura de pensamiento estratégico- que supone plantearse hoy qué se desea para el futuro y cómo se pretende alcanzar esa meta- se constituye en un potente y significativo instrumento de gestión capaz de dar respuestas efectivas y oportunas, permitiendo a las universidades:

  • Definir objetivos congruentes con la situación atingente y desarrollar estrategias y políticas que posibiliten su logro.
  • Mejorar la calidad de los procesos de enseñanza y adecuar éstos a las necesidades de la sociedad.
  • Perfeccionar sus sistemas de organización, dirección y gestión de forma que mejoren los resultados de su aplicación.
  • Incrementar la cooperación internacional y potenciar su colaboración con otras universidades.
  • Cooperar en los procesos de mejora y desarrollo de la competitividad empresarial, la ciudad, la región y el país a los que pertenece.
  • Desarrollar innovadores procesos de educación y de formación orientados a la actualización de conocimientos, empleabilidad de los profesionales y desarrollo integral de las personas.
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