Las fuentes renovables de energía, son aquellas que se regeneran y son tan abundantes que perdurarán por cientos o miles de años, las utilicemos o no. Además, usadas con responsabilidad no destruyen el medio ambiente, por lo tanto incrementar la participación de las energías renovables, asegura una generación de electricidad sostenible a largo plazo, reduciendo las emisiones de CO2. Estas se dividen en No Convencionales y Convencionales.
Se refiere aquellas formas de producir energía que no son muy comunes en el mundo y cuyo uso es muy limitado debido, todavía a los costos para su producción y su difícil forma para captarlas y transformarlas en energía eléctrica.
Entre las energías no convencionales tenemos: la energía solar, la energía eólica, la energía química u otras formas de energía que se pueden crear.
Dentro de las que más se están utilizando tenemos la energía nuclear, la energía solar, la energía geotérmica, la energía química, la energía eólica y la más importante para el Área Forestal, Energía de la Biomasa.
El término biomasa es muy amplio y abarca residuos forestales (provenientes principalmente de limpieza de bosques y de la industria maderera), residuos agrícolas (paja, residuos de molinos, de los invernaderos), residuos ganaderos (estiércol de las granjas de pollos, residuos del ganado ovino o vacuno, entre otros) y cultivos energéticos (cultivos destinados a la producción de biomasa energética en cantidades significativas como el cardo y el eucalipto).
Se define como la energía obtenida de la materia orgánica renovable de origen vegetal, animal o procedente de la transformación natural o artificial de la misma. En cualquiera de los casos, puede producirse a través de su quema directa o de su procesamiento para conseguir otro tipo de combustible.
Por ejemplo en un generador de gas o un digestor se puede obtener metano, llamado Biogás. También se la utiliza para la producción de biodiésel o bioalcohol que sustituyen a la gasolina.
Menor impacto ambiental, porque suele ser un combustible más limpio en azufre y metales, que los combustibles fósiles, por lo tanto no favorece al efecto invernadero.
Utilizar la biomasa como combustible generada a partir de productos agropecuarios y forestales permitiría reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) cerca de 1.000 millones de toneladas anuales.
Es eficiente en términos de costos y neutral en cuanto a emisión de carbono. Además podría llegar a satisfacer el 15%, frente al 1% actual de la demanda eléctrica de los países industrializados en 2020.
Puede ser almacenada y luego utilizada en el momento en que sea requerida. Esto quiere decir que la biomasa es capaz de suministrar un flujo de electricidad constante y sin variaciones.
La biomasa se utiliza en Chile para producir electricidad mediante plantas de cogeneración eléctrica que aprovechan los residuos energéticos de otros procesos industriales como la producción de celulosa.
Esta biomasa forestal se emplea como combustible en calderas, las que al producir vapor, son usadas en la generación de electricidad.
En Santiago y Valparaíso, el gas que se obtiene desde vertederos de basura, es procesado y utilizado en forma comercial como componente del gas de ciudad.
Además en Chile es muy utilizada la energía originada del gas metano, el cual se produce por la fermentación de los propios desechos orgánicos domésticos, agrícolas o industriales.
Se denomina así a todas las energías que son de uso frecuente en el mundo o que son las fuentes más comunes para producir energía eléctrica. Dentro de estas energías que son las más usadas en el planeta se encuentran la energía hidráulica y la energía térmica. Desde su creación y utilización de este tipo de energías no ha sufrido mayores cambios, salvo en lo que respecta al rendimiento y eficiencia de las máquinas térmicas y en la automatización de los arranques, la regulación y el apagado de las mismas.
La leña es la tercera fuente de energía más importante en Chile después del petróleo y el gas, y junto a la energía hidroeléctrica, es la única energía renovable que se produce y se utiliza en forma significativa.
Se calcula que al año se consumen en el país cerca de 12 millones de metros cúbicos de leña y que más del 50% de los hogares desde Rancagua al sur la demandan para calefacción. Por tal razón, y para que la leña no produzca problemas ambientales, se necesita de productores y consumidores responsables que elijan leña certificada.
La certificación es una herramienta de mercado voluntaria, donde un tercero proporciona una garantía escrita de que un producto cumple con ciertos estándares, para que la leña no produzca problemas medio ambientales, no escasee y sea realmente una energía renovable.
La certificación busca disminuir la venta informal, la evasión de impuestos, la contaminación del aire y además impulsar la correcta entrega de información a los consumidores y consumidores, para su compra. Además de regular el mercado mediante productos que provengan de bosques manejados y con la humedad adecuada para la combustión que debe ser bajo un 30% y que el comerciante final de leña, sea dueño de un local, transportista o productor.
Los principios que exigen son:
Legislación: que se cumpla toda la normativa vigente.
Origen de la leña: que la leña provenga de un bosque con plan de manejo.
Calidad de la leña: que tenga un contenido de humedad inferior al 25%.
Servicio al consumidor: que se entregue información precisa y veraz sobre el producto.
En este caso es el Consejo Nacional de Certificación de Leña (CONACEL), la entidad encargada de entregar esa garantía a los consumidores a través de consejos de leña locales. Lo que se certificará no será la leña en sí misma, sino a los comerciantes finales de leña, quienes podrán acceder a este sistema una vez cumplan los principios exigidos.
Este sistema es de carácter público privado y tiene por finalidad formalizar paulatinamente el mercado de la leña, como una forma de enfrentar los principales problemas ambientales asociados a su uso como es la progresiva degradación y eliminación de los bosques nativos y la contaminación atmosférica por uso masivo de leña húmeda.
La leña y sus derivados constituyen la tercera fuente de energía más importante después del petróleo y el gas. Junto con la energía hidroeléctrica, es el único energético renovable que se produce y se utiliza en forma significativa en Chile.
Expansión de uso: Estudios realizados indican que el consumo de leña se incrementa en sectores socioeconómicos bajos. Además estudios de mercado señalan que los artefactos que funcionan a leña y otros dendroenergéticos están en un proceso de fuerte expansión.
Los riesgos asociados a la combustión de leña y otros dendroenergéticos provienen de su incorrecta utilización, que está dada por cuatro factores:
1º Uso de leña húmeda
2º Empleo de equipos de combustión ineficientes (salamandras, cocinas y chimeneas, entre otros);
3º Malas prácticas por parte de los usuarios (cierre de tirajes y falta de limpieza);
4º Inadecuada aislación de las viviendas.
Regulación específica: Surge la necesidad de establecer un marco regulatorio obligatorio específico de eficiencia y calidad para la leña y otros dendroenergéticos, actualmente inexistente, el cual se asocia a efectos locales importantes, incluyendo los beneficios ambientales, por reducción de emisiones, y los efectos económicos, a través del aumento de la calidad del producto y la formalización de la cadena de producción.
En resumen, la presente iniciativa legal se fundamenta en la importancia progresiva que la leña y otros dendroenergéticos han adquirido dentro de la matriz energética del país; y la evidencia de que el control de los efectos nocivos de la combustión de leña y otros dendroenergéticos requiere de una regulación especial, que aborde las características técnicas y la calidad del combustible, junto con las exigencias técnicas para los aparatos destinados a su combustión.
El objetivo del proyecto es lograr que la combustión de leña y otros dendroenergéticos no genere daños ni constituya un riesgo para las personas y las cosas. A partir de esto se generan los siguientes objetivos específicos:
Establecer un marco regulatorio que permita la sujeción de la leña y otros dendroenergéticos y los artefactos que la utilizan para su combustión, a exigencias técnicas y estándares de calidad adecuados.
Entregar a un organismo de la Administración del Estado, la función de controlar el cumplimiento de la regulación aplicable a la leña y otros dendroenergéticos, confiriéndole las potestades necesarias para ello.
Conferir potestad sancionatoria al mismo organismo de la Administración, estableciendo las infracciones, las sanciones y el procedimiento para su aplicación.
Habilitar al reglamento y a las normas técnicas para establecer las exigencias técnicas y estándares de calidad específicamente aplicables a los distintos tipos de combustible y a los artefactos para su combustión, así como los procedimientos para su verificación y control.
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