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Ceremonia
de los 50 Años de la Universidad Austral de Chile
Discurso de Sr. Rector, Prof. Carlos Amtmann Moyano Aula Magna, 07 de septiembre de 2004
Como nos transmitiera un distinguido académico de nuestra Universidad "la historia de nuestra institución es hermosa. No exenta de grandes sacrificios y dolorosas circunstancias; no ajena a disputas, discrepancias y embates, tanto en su interior como desde el medio externo. El entorno que la naturaleza le ha regalado es muy bello y cada día lo disfrutamos. Esa misma naturaleza que, en sus primeros años de vida y no habiéndose aún establecido completamente como institución de estudios superiores, la sometió a un despiadado golpe poniendo a prueba no sólo su estabilidad física, sino que la capacidad de resistencia moral de quienes formaban su incipiente comunidad universitaria". "El haber podido enfrentar ese destructor episodio y sostener el empuje para doblegar ese infortunio, sólo debió ser posible gracias a la gran fuerza interior de los Padres Fundadores y de quienes colaboraron en pos de un mismo ideal". "Las generaciones sucesivas durante estos cincuenta años, sin percatarse, han heredado esa fortaleza, lo que ha quedado de manifiesto en múltiples ocasiones de nuestra historia. Historia que, repito, es hermosa; pero, no por ello, tapizada sólo de bellas flores. Hemos continuado asistiendo a episodios que han perturbado nuestra convivencia; eventos que han puesto en peligro nuestra integridad institucional; duras pruebas que han provocado desazón y que han dejado huellas que persisten en el tiempo. No obstante, la institución y sus grandes horizontes han permanecido, saliendo fortalecidos en cada una de esas circunstancias. Y esto ha sido así porque el espíritu y la razón se han impuesto". En efecto, la mayor parte de los momentos de nuestra cincuentenaria historia, son de regocijo y satisfacción por la consolidación de un proceso de desarrollo y crecimiento innegable; otros, sin embargo, han estado marcados por la tristeza que significó la intervención de las universidades chilenas y el alejamiento obligado de muchos académicos y estudiantes. El cincuentenario de nuestra querida Universidad es sin duda la ocasión más propicia para rendir el justo reconocimiento que se merecen nuestros fundadores. Con la perspectiva de cinco décadas debemos hacer el esfuerzo para dimensionar lo que significa haber concebido un proyecto de educación superior autónomo en Valdivia, cuando las políticas oficiales tendían más bien a la reproducción de modelos centralizados y de dirección metropolitana. En este sueño para imaginar la descentralización del país e impulsar un equilibrio en el desarrollo territorial, participó una diversidad de actores de la sociedad valdiviana y del sur de Chile, entre los que destaca la visión de futuro de profesionales y empresarios de la zona, como también la resuelta decisión de gremios y trabajadores que impulsaron y materializaron esta iniciativa. Un nombre ejemplar es el del Rector Fundador don Eduardo Morales Miranda, quien se encuentra hoy entre nosotros. Él no dudó en sacrificar otras posibilidades de desarrollo personal por conducir un proyecto cuya certidumbre no estaba garantizada en ningún caso. Si hoy estamos aquí celebrando con orgullo una historia de medio siglo se debe en gran medida a que en el sueño inicial no sólo se encontraba en juego la formación de profesionales, sino y, sobre todo, la de personas íntegras dispuestas a poner el conocimiento y los avances de la ciencia al servicio del país, la región y la humanidad. El lema de la Universidad sintetiza notablemente este desafío: libertas capitur, significa que la libertad no es algo que se recibe, sino que se conquista mediante el trabajo y el conocimiento. Esta primera etapa se vio consolidada con los aportes de académicos y profesionales provenientes tanto de otras universidades del país como del extranjero, cuya integración significó un fuerte impulso a la formación de personas y a la investigación e innovación tecnológica en los sectores productivos, artísticos y culturales. El legado destacado de los rectores presentes Eduardo Morales, Félix Martínez Bonati y William Thayer, significó la consolidación institucional, el crecimiento material e intelectual y el posicionamiento de la Universidad a nivel nacional. Asimismo el aporte de los rectores Juan Jorge Ebert, Erwin Haverbeck y Manfred Max Neef supone en sus diversas etapas la transición y normalización institucional, crecimiento, extensión territorial y modernización. A todos ellos hay que rendir el justo reconocimiento por su labor en servicio de la Universidad. A la tarea estratégica de conducción de la institución se suma el trabajo menos visible de nuestros académicos. Podríamos reconstruir también la historia de la Universidad sobre la base de nuestros más destacados intelectuales y artistas y sus aportes al desarrollo de la ciencia y la creación. Pero en cincuenta años son muchos como para nombrarlos personalmente. Vaya para todos ellos el reconocimiento afectuoso. Pero el centro vital de una institución de educación superior son sus estudiantes de pre y postgrado. En ellos, en su formación, en sus éxitos y proyecciones se refleja paradigmáticamente la misión universitaria. Podemos con razón enorgullecernos de los miles de estudiantes que han pasado por nuestras aulas y de los aportes que, especialmente, han hecho al crecimiento regional y nacional. En el cotidiano ejercicio de hacer universidad funcionarios administrativos y de servicios han dedicado toda su vida laboral a la generación de las condiciones básicas que permiten el normal desarrollo de la vida académica y el ambiente adecuado para el aprendizaje de los estudiantes. Para todos ellos nuestros sentimientos de gratitud y afecto. Si algo nos enorgullece como institución es que hoy podemos definirnos, y la comunidad así lo percibe, como una Universidad compleja que desarrolla docencia, investigación, extensión y servicios. Nuestra participación en la primera experiencia de acreditación de instituciones de educación superior del país así lo demuestra. Esta definición actual es posible porque en el transcurso de su historia han confluido diversas vertientes. Sin duda una de las más importantes de ellas ha sido la incorporación a la Universidad Austral de Chile de la antigua sede de la Universidad Técnica del Estado y que hoy constituye nuestra facultad de Ciencias de la Ingeniería. En los últimos años nos hemos enriquecido también con nuestra presencia en las ciudades de Puerto Montt y Coyhaique. El cincuentenario de nuestra Universidad es el contexto propicio para renovar nuestro compromiso institucional en un nuevo Plan Estratégico de Desarrollo definido por un marco valórico que articula nuestra tradición con el presente y el futuro. Un proyecto sustentado en los valores de la excelencia, libertad, responsabilidad social, responsabilidad evaluativa e integralidad. Esto es, queremos ser una universidad digna de especial reconocimiento, confiabilidad y aprecio por parte de la comunidad, por su valoración de la autonomía del trabajo académico jerarquizado en el contexto de los fines determinados por la institución; por su responsabilidad con el medio social y natural, por su alta cultura evaluativa y, finalmente, una universidad caracterizada por su vocación integral en la preservación, generación y transmisión del conocimiento. El escenario actual de la educación superior se distingue por un alto nivel de competitividad, una explosión inorgánica de la oferta de pregrado, la que no siempre va acompañada de mecanismos claros de regulación de la calidad y con configuraciones a veces confusas entre señales de una política global de educación superior y las del mercado educacional. No obstante lo anterior, consideramos como un elemento positivo el proceso de acreditación de la calidad impulsado por el Ministerio de Educación en el que hemos participado voluntariamente, ratificando nuestro compromiso con todas aquellas medidas que tiendan a fortalecer el rol de las instituciones de vocación pública. Igualmente valoramos el consenso alcanzado en nuestra sociedad en cuanto a destacar la necesidad de diseñar instrumentos más adecuados para posibilitar el acceso a la formación superior de jóvenes provenientes de sectores de menores ingresos. Asumimos este esfuerzo como tarea compartida con el impulso del Ministerio de Educación. El desafío al que nos invita la sociedad del conocimiento es el de crear una universidad más plena, participativa y de mayor calidad, como así también a tomar un decidido compromiso con la sociedad chilena y con el sur austral de nuestro país. Se trata en síntesis, de continuar plasmando el sueño de nuestros fundadores el que por su belleza, fundamentos valóricos y proyección, es merecedor de todos nuestros esfuerzos y, al fin, de un compromiso vital y de excelencia.
Conforme a lo dispuesto en el Decreto Nº 045 de 1989 por el que se promulga el Reglamento de Distinciones de la Universidad, los Cuerpos Colegiados han acordado unánimemente que se otorgue la más alta distinción establecida en la Universidad Austral de Chile al Exmo. Sr. Presidente de la República de Chile Dn. Ricardo Lagos Escobar. Le agradecemos a su Excelencia el haber posibilitado que este acto de conmemoración del Cincuentenario Corporativo coincida con su investidura de acuerdo a nuestras tradiciones institucionales. Representa un momento de especial alegría para la Universidad Austral de Chile distinguir con el grado de Doctor Honoris Causa a un académico de extensa trayectoria que al mismo tiempo es Presidente de la República. No es frecuente que quien ejerce dicho cargo haya dedicado gran parte de su vida a la actividad docente universitaria, a la investigación científica y a la publicación de trabajos intelectuales que han influido profundamente en el pensamiento político de una nación. Don Ricardo Lagos fue un destacado estudiante de derecho en la Universidad de Chile, titulándose con distinción máxima en 1960, a los 22 años de edad, con una tesis sobre "La concentración del poder económico", trabajo que llamó la atención de la opinión pública y de la comunidad científica, transformándose así en un libro de estudio que ha tenido cinco ediciones. Ya el tema escogido para su memoria manifiesta un rasgo del joven estudiante que acompañará a Don Ricardo durante toda su vida académica y política: la preocupación por poner el conocimiento al servicio de la equidad social amenazada por las enormes diferencias económicas entre las personas y los países. Después de realizar su postgrado en la Universidad de Duke, en los Estados Unidos, el Dr. Lagos se integra de lleno a la vida académica en el Instituto de Economía de la Universidad de Chile, dirigiendo la Escuela de Ciencias Políticas y ejerciendo el cargo de Secretario General de dicha casa de estudios. Más tarde será profesor de Economía en la Facultad de Derecho y Director del Instituto de Economía de la Universidad. Su actividad académica, durante esa década, no se limitará a su trabajo en instituciones de educación superior dentro de país, sino que será también nombrado Director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y profesor visitante de la cátedra William R. Kenan de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, en Estados Unidos. En esos mismos años es nombrado Director Regional del Programa de Estudios de Post Grado en Ciencias Sociales y está a cargo del Proyecto UNESCO, Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en Buenos Aires. En lo público, sirve al país en Naciones Unidas, como delegado con rango de embajador en la XXVI Asamblea General, además, de ser delegado en la III Conferencia de Comercio y Desarrollo (UNCTAD) de la ONU. Desde 1975 es consultor para el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, PNUD; y entre 1978 y 1984 se convierte en economista del Programa Regional de Empleo para América Latina y el Caribe de la ONU. En 1978 regresa a Chile contratado por el Programa Regional de Empleo de Naciones Unidas, PREALC. La actividad de don Ricardo Lagos en la década de los ochenta está caracterizada por la acción política que tiene como fin recuperar la democracia en el país. Como todos sabemos su aporte en esa tarea fue fundamental, mostrando en ello no sólo coraje y decisión, sino además una gran capacidad para lograr la unidad de diversos sectores. Sin duda, el espíritu académico, que exige, por una parte, el hábito de la tolerancia y, por otra, la capacidad de mantener una discusión abierta y fundamentada de ideas y proyectos que influyen directamente en la vida de las personas, estuvo presente en el modo como el político Lagos ejerció durante esos años un liderazgo que lo ha llevado a ser un protagonista destacado de la política nacional de las últimas décadas. Son reflejo de lo anterior sus planteamientos y realizaciones en relación a la convivencia en democracia de las sociedades. Sus aportes en el plano de políticas educativas y de la infraestructura necesaria para una mejor calidad de vida de la población. Destacan sus aportes intelectuales y políticos a la cooperación internacional y a las relaciones económicas globales, y en especial, al desarrollo de una institucionalidad tendiente a la valoración y expresión de las creaciones culturales. Permítaseme señalar, por último, pero de no menor importancia, que en su Cincuentenario, para la Universidad Austral de Chile el otorgar la máxima distinción al Presidente de la República de Chile, es también una elevada expresión de su vinculación esencial con la nación chilena y sus valores y su compromiso con las grandes tareas nacionales y en especial aquellas que dependerán de las futuras generaciones que, finalmente, constituyen la orientación de esta Universidad. Gracias Señor Presidente, |
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