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¿Qué es la Brecha Digital y cómo reducirla?


La brecha digital es la desigualdad en el acceso a Internet y a las tecnologías TIC (Tecnologías de la Información y Comunicaciones) en el mundo. Se dice que vivimos en un mundo conectado, pero la realidad es que la digitalización y el acceso a las TIC es muy irregular a nivel mundial.

La brecha digital se asociaba con el subdesarrollo. Se atribuía a una causa que desaparecería a medida que los dispositivos digitales fueran más globales. Hoy sabemos que hay otros factores que abren la brecha digital, como el acceso, el uso y la calidad de uso.

Se habla de brecha digital de acceso cuando hay dificultades para conectarse a Internet por las diferencias socioeconómicas entre las personas, o porque no hay infraestructuras a su alcance. El coste de la digitalización en zonas en desarrollo, o en zonas rurales, es enorme e impide muchas veces su despliegue.

La brecha de uso se refiere a la falta de competencias digitales. Hay muchas personas que no saben utilizar las herramientas básicas, como el correo electrónico (adjuntar un archivo, por ejemplo) o un buscador.

La brecha de calidad de uso se refiere a que, teniendo acceso y conocimientos, no se sabe sacar el máximo partido a los recursos, por ejemplo, accediendo a información de calidad.

El COVID hizo tomar conciencia de la existencia de una brecha digital que hace que el 35,8% de la población mundial no tenga acceso a Internet (según Internet World Stats). Ese dato sólo se refiere a la brecha de acceso, que es menor que la brecha de uso.

La pandemia ha potenciado la discriminación tecnológica, y muchos estudiantes y trabajadores no han podido seguir estudiando ni han podido teletrabajar por cualquiera de las razones expuestas antes.

El impacto de la brecha digital en las personas con discapacidad
Las personas con discapacidad sufren todavía más la brecha digital. Adecco, en su informe más reciente destaca, hablando del uso y manejo de las nuevas tecnologías, que a un 42% le parece «muy complejo y avanzado su uso»; un 32% encuentra problemas de accesibilidad por incompatibilidades derivadas de su discapacidad; un 20,6% no confía en lo digital y tiene miedo al fraude; un 15,9% no tiene recursos económicos para comprar nuevas tecnologías.

También se compara la posesión de smartphones: mientras que un 96% de la población adulta en España dispone de teléfono móvil propio y un 80% tiene smartphone, esos porcentajes se reducen al 80% y el 58%, respectivamente, en el caso de las personas con discapacidad. En otras regiones del mundo puede haber, incluso, brechas mayores.

Según la Fundación Universia, en el caso de los estudiantes con discapacidad, hay una serie de demandas en cuanto a accesibilidad que se deberían cubrir. Estas son las más destacadas:
1.Generar materiales accesibles y elaborar un curso a distancia para estudiantes sobre motivación y técnicas de estudio.
2.Implantación de tecnología o aparatos de buena calidad para personas con discapacidad auditiva.
3.Apoyo profesional para el ámbito académico, en materia de discapacidad visual. Por ejemplo, ayudas con asignaturas que son complicadas, visualmente hablando.

Como pasa con todo lo relacionado con las personas con discapacidad, la solución pasa por la inclusión, es decir, el uso de tecnologías inclusivas y accesibles para todas las personas. Sólo así se puede cerrar la brecha digital en el caso de las personas con discapacidad.

Mediante herramientas adaptadas a las diferentes discapacidades es posible reducir la brecha digital. Hay muchos ejemplos de tecnología inclusiva, desde las aplicaciones con subtítulos para personas sordas, aplicaciones para mover el puntero del ratón con la voz, hasta gafas con inteligencia artificial para invidentes o personas con deficiencia visual.

Existen ayudas económicas a proyectos de investigación aplicada a la creación de nuevas tecnologías accesibles. De esta manera, se pretende mejorar la calidad de vida y la inclusión social y laboral de las personas con discapacidad, y minimizar la brecha digital accesible.

Un ejemplo es este proyecto desarrollado por Indra, la Fundación Universia y la Usal, que es una app capaz de guiar a personas con discapacidad visual en interiores. También destacamos este dispositivo que traduce la lengua de signos a voz sintetizada. Gracias a estos proyectos se logran avances muy importantes en inclusión gracias a la tecnología.

Todas estas iniciativas reman en la misma dirección, que es la de lograr cerrar la brecha digital en cualquier contexto.

Fuente: www.universia.net