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Movilidad Sustentable

 

El transporte se limita a aspectos funcionales y medibles de los desplazamientos, pertinentes al ámbito disciplinar de las ingenierías, mientras la movilidad además valora aspectos subjetivos y teleológicos, y, por tanto, abre un diálogo multidisciplinar con humanidades y ciencias sociales. Un diagnóstico desde lo señalado debe reconocer los efectos ecológicos y sociales del dominio de la idea de transporte en la evolución urbana de los siglos XIX – XX, orientada por la eficiencia en el cómo (modos) o por dónde (rutas) nos desplazamos, y desde la idea de movilidad, revisar creativamente también el para qué lo hacemos (motivaciones).

Si bien el problema urbano contemporáneo del cual la movilidad es factor protagónico es anterior al problema global de la sustentabilidad, es posible reconocer entre los hitos más relevantes en la evolución de las ideas sobre transporte y movilidad, el Informe Brundtland, 1987 (Krüger, 2018, pág. 180). Vásquez-Cano y Sevillano (2018) para definir la movilidad sustentable, parafrasean explícitamente este informe al señalar que ésta significa satisfacer las necesidades de movilidad de la generación actual sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras. Así, la movilidad sustentable hereda el peso político del desarrollo sostenible, pero a la vez, su eurocentrismo y ambigüedad para hacer del discurso acción.

Las definiciones y orientaciones de movilidad –o transporte- sustentable derivadas de las ideas de desarrollo y progreso que, desconociendo los límites biofísicos de los sistemas ecológicos, nos tienen como humanidad en la actual encrucijada, deben ser tratadas e interpretadas con alerta y cuidado, aunque no rechazadas prematuramente. Este cuidado, es fundamental para que la búsqueda de que esta dimensión de la existencia humana sea sustentable, también saludable y justa, y prevenir que enfoques reducidos a innovaciones tecnológicas o supeditados a criterios económicos privados, mantengan el statu quo de mejoras cortoplacistas que en el largo plazo empeoran situaciones en relación con las que habían antes de ser aplicados. Una consecuencia de este posicionamiento es enfrentar la imposibilidad –y por tanto inutilidad- de abordar la movilidad institucional sin considerar sus relaciones con el territorio objetivo y subjetivo en el cual una Universidad está inserta y, por tanto, con la evolución urbana de la cual es – o debiera ser- un agente protagónico. 

En conclusión, adherir a la movilidad sustentable en y desde la UACh, implica involucrarse en un reordenamiento institucional y urbano para sociedades de baja movilidad, en ciudades compactas, multicéntricas, lentas, de prioridad peatonal, a escala humana, inclusivas, seguras, educadoras y que respeten la interdependencia entre la vida humana y el sistema planetario en su conjunto. También implica ampliar la comprensión del adjetivo sustentable para abordarlo como una cualidad sinérgica con los adjetivos saludable y justa, los cuales se reúnen en una expresión aglutinadora de cualidades y sentidos y que, a la vez, releva y explicita el fondo ético de lo que buscamos, como sería una movilidad buena. Esto, se sostiene en una idea de movilidad que antepone el bien comunitario al individual –coherente con la cosmovisión latinoamericana del buen vivir- y que incluye en la noción de comunidad a personas humanas y no humanas, presentes y de generaciones futuras. 

Contacto: movilidadsustentable@uach.cl